Un simple vistazo a dos facturas del año 1994 y del año 2020 demuestran en qué situación se encuentra el sector del vacuno de leche en nuestro país. Ustedes podrán pensar -con razón- que en 1994 ya no había dictadura en este país pero el criterio del ordeno y mando parece ser que se mantenía entonces y lo que es peor hoy todavía pervive. El celofán que envuelve todo obviamente ha cambiado pero, al final, es algo así como “esto es lo que hay y si lo tomas bien y si no, cierras”. 

Miles de ganaderos han tenido que cerrar en estos 26 años en todo el país. Lo duro del oficio y el relevo generacional a buen seguro que están tras buena parte de los cierres pero tampoco es de extrañar que haya influido el hecho de que en el 94 se cobraban 31 céntimos el litro y en 2020 se cobran 32. 

Ese céntimo de diferencia que la industria paga a fecha de hoy a los ganaderos con respecto a hace un cuarto de siglo ha de servir para soportar la subida del IPC que los ganaderos y sus familias tienen que satisfacer si quieren vivir, sí, vivir. El mismo céntimo, por cierto, también ha de sufragar el aumento del coste de la alimentación de los animales y las tan bienvenidos como caros costes derivados del bienestar animal, los controles sanitarios o la sostenibilidad medioambiental. 

Nadie pensaría que un céntimo de euro en 24 años daría para tanto pero lo que es peor aún es que cuando a un ganadero se le ocurre decirlo la industria que le recoge la leche le tilda de loco. Los negocios que no funcionan se dejan y en un sistema de libremercado poco más se puede decir. El caso, sin embargo, es que si el ordeno y mando y el “si no te gusta, cierra” conducirá a los ganaderos, las industrias y los consumidores de este país a acabar con la gallina de los huevos de oro que se convertirá en leche importada de terceros países curiosamente a precios superiores a los que parece nadie está dispuesto a pagar a los ganaderos de aquí. El pato lo pagarán los consumidores, el medio ambiente, nuestro medio rural y los gobiernos que habiendo dictado normas para evitarlo no hicieron que se cumplieran. La oportunidad está servida.