La renovación de contratos lácteos siempre provoca que todos los implicados deslicen su opinión y sus cálculos sobre lo que debe de ser el mercado lácteo durante los próximos meses. Ese es el escenario que se vive en la actualidad con mensajes y globos sonda que hablan sobre el precio de la leche en nuestro país. La industria se afana, por tanto, en arrimar el ascua a su sardina recurriendo a argumentos que chocan directamente con la realidad que atraviesa el sector. En un país donde hay menos ganaderos, donde se reduce constantemente la producción láctea, el censo de vacas se reduce mes tras mes, tenemos un precio por debajo de los países europeos de donde, cada vez, tenemos que importar más
y, sobre todo, en un país donde el consumo sube no cabe otra cosa que pensar en que la leche es cada vez un producto con mayor valor.


No es cuestión de plantear precios superiores por pura inercia sino que el mercado se empeña en confirmar que lo que se produce en las granjas cada vez vale más y, según lo detallado en las
páginas de este boletín, la previsión es que siga en ese camino en los próximos meses.


Si no hay ganaderos ni vacas que produzcan, por mucho que suba la media de litros de cada animal es imposible que la disponibilidad de materia prima se mantenga en los niveles actuales. En un mercado libre ese componente sería suficiente para que se cuidara lo que hay. Si, además, la sustituta del producto nacional es leche producida en los países europeos donde el precio es superior la cosa no mejora sino que empeora para quienes plantean que el precio en nuestro país es alto.


Todo esto podría se rebatido si nos encontráramos en una fase de contracción del consumo pero es que en nuestro país los consumidores siguen respaldando los lácteos como uno de sus “imprescindibles” en la cesta de la compra.


Todo lo anterior no son conjeturas sino datos oficiales hechos públicos por el propio ministerio de Agricultura. Por ese motivo no se entiende a qué juegan las industrias cuando salen al campo a proponer contratos y diciendo que el precio tiene que bajar. Hay cosas que pueden estar en el marco del debate pero ante la evidencia de los datos no parece de recibo estar jugando a soltar globos sonda para que a los ganaderos, una vez más, se les intente poner al límite y poner en riesgo la capacidad productiva tanto de las granjas como de las fábricas.

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