La subida de precios de productos como el maíz o la soja ha supuesto una subida de los costes de producción a todos los ganaderos del mundo sin excepción. La respuesta de los diferentes países, sin embargo, ha sido bien distinta. Mientras en España la distribución ha subido ligeramente los precios finales a los consumidores, las industrias lácteas se mantienen en sus trece contemplando incrementos irrisorios habida cuenta de lo desorbitado del aumento de los costes de producción. 

Europa en su conjunto y Francia particularmente se han visto afectados por las mismas subidas de las materias primas que en España. La respuesta en esos países, sin embargo, ha llevado a que los ganaderos galos perciban ahora mismo por su leche 392,2 euros por tonelada, es decir, 64 euros mas que en España. Esa cifra no quiere decir que los ganaderos galos estén ganando dinero sino que, simplemente, ante la subida de los costes de producción los mismos se repercuten en sus contratos lácteos. 

España, mientras tanto, legisla y legisla sin final para establecer la que probablemente sea la normativa más proteccionista de las que existen. El problema aparece cuando de hacer cumplir la ley se trata, aquí ya nadie se responsabiliza de que los productos lácteos sigan siendo utilizados como productos reclamo en los lineales de los supermercados. 

Las mismas multinacionales que en Francia entienden lo que sucede y llegan a acuerdos con los ganaderos en España parecen estar esperando a que todas las explotaciones cierren para nunca volver. En España, en doce meses, han cerrado el 5,8% de las explotaciones. 

La subida de producción provocada por el extraordinario verano vivido en Galicia con temperaturas inusuales y cortes de forraje extraordinarios parecen haber eclipsado la verdadera situación que el sector atraviesa. Las granjas cerrarán y tras ellas las industrias también porque nadie traerá la leche sin transformar. Los consumidores tendrán que pagar leche a precio de Alemania y todos dirán: “se veía venir”.