Lo lógico sería que un ganadero se dirigiera a la industria que le compra la leche para garantizar que el precio que va a recibir por la misma cubre sus costes de producción -como establece la Ley- y le reporta un beneficio empresarial como dicta el sentido común. 

Los ganaderos en este país, sin embargo, tienen que dirigirse directamente a los consumidores que soportan día a día cómo, la distribución por acción y la industria láctea por omisión, están poniendo en riesgo la calidad y el precio de su alimentación en el futuro próximo. 

Las cadenas de distribución, capitaneadas por la todopoderosa Mercadona, empapelan sus tiendas con grandes carteles anunciando su compromiso medioambiental y, justo después, te anuncian “siempre precios bajos”. Parece una broma después de ver lo que está ocurriendo con el IPC en los últimos meses, especialmente el de los alimentos. Pues bien, ni sostenible, porque lo del kilometro cero debe de servir sólo para los carteles y lo de “siempre precios bajos” debe de ser para los ganaderos que proveen de alimentos de cercanía y calidad al consumidores. 

El consumidor está pagando una subida presuntamente provocada por las guerra pero paradójicamente muchos de esos productos ya se habían adquirido hace meses a los productores del sector primario a unos precios que no se han movido. 

Los ganaderos también tienen que dirigirse directamente a los consumidores porque las industrias tampoco se “atreven” a hablar con las empresas de distribución. La amenaza que reciben es siempre la misma, “si subimos el precio” los consumidores se verán perjudicados y dejarán de comprar nuestros productos. Esto que podría parecer hasta lógico es, sin embargo, una gran falacia sólo sostenible desde la postura de quien sólo entiende su cuenta de resultados de hoy para hoy y no piensa en el mañana y, mucho menos, en los tan manoseados intereses de los consumidores. 

Lo que no cuentan a esos consumidores es que o se sube la leche en los lineales o dentro de bien poco faltará leche. Esa leche, Mercadona, Carrefour, Aldi o Lidl irán a comprarla a los países donde sobra. Esos países, sorprendentemente, no son economías del tercer mundo sino potencias como Alemania, Holanda o Francia. Allí la leche se paga a los ganaderos mucho más cara que aquí y las industrias que la procesan lo hacen a precios de la Europa del norte. Entonces habrá que buscar a la distribución y exigirle que no pague tanto a los alemanes o a los franceses para que los consumidores y el medio ambiente no sufran. Ya verán como, entonces, se les olvida todo esto y la leche subirá porque se la estarán pagando a otros.