Las industrias han salido al campo con ofertas de entre cinco y ocho céntimos de bajada sin atender a la situación que se ve tanto por parte de la demanda en España como de la subida de los costes de producción. La decisión con la que los inspectores se han echado a la carretera estaba tomada hace tiempo y poco ha importado la situación que viven tanto el mercado interno como el sector a nivel internacional. Querían bajar el precio de la leche y no les ha importado lo que ocurriera de verdad. Esta es la verdadera situación a la que se enfrentan estos días la práctica totalidad de explotaciones que tienen que renovar sus contratos lácteos. Poco ha importado que la guerra en Irán haya disparado los costes de producción, poco ha importado también que Fonterra haya recuperado las cotizaciones en más de un 24% desde que comenzara el año y menos aún parece haber importado que el consumo haya crecido un 3,4%. Lo que las industrias tenían claro es lo que su “amigo invisible” les sopló al oído hace ya meses. Una decisión tomada hace mucho tiempo que ha provocado que “por casualidad” la llegada de los contratos al campo se haya producido prácticamente al unísono y que todavía “por más casualidad aún” las bajadas propuestas fueran idénticas entre sí.

Es correcto y deseable que todos los eslabones de la cadena alimentaria sean responsables -como dice el ministro Planas- para que los destrozos provocados por terceros no sean un desastre para los consumidores pero ser responsables no es lo mismo que hacer uso del poder de unos pocos para imponer sus condiciones al resto. Con lo que las industrias pretenden bajar el precio de la leche seguro que pronto veremos a alguna distribución bajando el precio en los lineales. Eso que, a primera vista, puede resultar rentable para el consumidor no es justo. No es justo porque si bajan un par de céntimos el litro de leche brick, las industrias todavía se quedan con otros cuatro o cinco céntimos pese a la crudeza de la tormenta. Si la industrias y la distribución alegan que los otros cinco céntimos que faltan se les van a ir en costes de producción bien podrían irse hasta una granja y ver a cuánto ha puesto el gasoil, la electricidad y el pienso que ahora pretenden no pagar.

Puede que alguien en la Administración piense que está bien que la leche baje un poco de precio en los supermercados pero también deberían de ser responsables y vigilar para que no sea a costa de las pérdidas de los ganaderos mientras las industrias siguen presentando cuentas de resultados con beneficios millonarios. No se puede seguir mirando para otro lado y, menos aún, cuando la ley es tan clara y ofrece tantas herramientas para evitar el abuso de posición como el que actualmente la industria quiere ejercer al dictado de lo que un amigo invisible les sople al oído