La realidad es tozuda y por mucho que las industrias lácteas y la gran distribución sigan argumentando que hay que bajar el precio de la leche a los ganaderos por el Covid los datos no respaldan esa postura. 

El gran consumo en España creció hasta el mes de agosto un 13,7% con respecto al año anterior y las previsiones calculan que al finalizar el año ese crecimiento acumulado rondará el 14,7%. Por si eso fuera poco para 2021 las mismas previsiones apuntan un nuevo crecimiento de en torno al 9,1%. 

Industria y distribución no pueden, por tanto, apoyarse en el descenso del consumo como causa última para rebajar los precios de compra a las 12.000 explotaciones ganaderas que quedan en nuestro país. El comercio evidentemente se está viendo afectado por la pandemia pero lo hace en sectores como la moda o el textil donde las caídas se sitúan en el entorno del 30%. La alimentación, sin embargo, continúa creciendo a ritmos nunca vistos pese a la caída de los canales de Hostelería y Restauración que se han convertido en los grandes pagadores de la crisis sanitaria y, por ende, económica que atraviesa no sólo España sino el mundo entero. 

La pérdida de rentabilidad de algunas cadenas de distribución y la pretendida repercusión que estas intentan imponer a las industrias lácteas en sus márgenes de beneficio son, por tanto, una trampa que sólo esconde otros problemas de gestión de una situación compleja como la que atravesamos pero en la que los ganaderos de leche no son responsables en absoluto. 

España sigue siendo un país tremendamente deficitario en el sector lácteo y las últimas cifras de tendencia en el consumo de productos agroalimentarios vaticinan que la situación será todavía peor en el futuro próximo. Esa condición de país con necesidades de aprovisionamiento en el exterior es la que hace insostenible la pretensión de bajar los precios de compra a los ganaderos de leche de nuestro país. Las debilidades del sector comercial son un drama para todos pero, desde luego, los ganaderos no tienen que ser quienes paguen las consecuencias económicas de las bajadas de rentabilidad en otros sectores como algunos pretenden.