El coronavirus ha supuesto un auténtico terremoto en el mundo; en primer lugar por sus efectos sanitarios y en segundo lugar por su repercusión en la economía. Más de un millón de muertes y cientos de miles de negocios cerrados son sólo algunas de las grandes cifras que la crisis nos ha dejado hasta el momento. 

El sector primario, mientras tanto, se ha consolidado en el imaginario de los ciudadanos como uno de sus principales referentes. Los sanitarios reciben estos días su merecido homenaje por su entrega y dedicación y a la vez los agricultores y ganaderos se convierten en esos proveedores infatigables de lo más esencial; nuestra alimentación. 

La pandemia es un drama pero el mundo ha de reconocer en la capacidad de trabajo y profesionalidad de nuestros ganaderos el hecho impagable de que nuestros confinamientos lo hayan sido con productos lácteos de calidad al alcance de su mano. La industria y la distribución también han hecho posible que la actividad desempeñada en las granjas haya llegado hasta los hogares de todos los españoles. 

Los ganaderos de este país, sin embargo, continuan cerrando sus explotaciones porque la rentabilidad de las mismas es inasumible con los precios que reciben por su leche. Mientras en España esos precios siguen recibiendo presiones bajistas el mundo parece haberse dado cuenta de que la demanda de productos básicos de alimentación como la leche crece y por ende suben los precios. 

El último informe mundial de precios de la FAO desvela que en el mes de octubre los precios de los productos lácteos creció un 2,2% con respecto al mes anterior y hasta un 3,5% con respecto a los niveles de hace un año. En España, sin embargo, esa tendencia mundial al alza de los precios descrita por la FAO, las subastas de Fonterra o la propia Unión Europea aún no se ha percibido y, muy al contrario, tiende a bajar.  

El propio consejero delegado de Lactilis en España, Ignacio Elola, declaraba esta semana que “el sector agroalimentario saldrá más fuerte de la crisis si no se le ponen trabas administrativas”. Esa afirmación rotunda de uno de los mayores responsables del mercado lácteo en nuestro país parece la más lógica de las conclusiones después de la experiencia extraída de los últimos meses. Eso sí, los ganaderos esperan que ese fortalecimiento no sea sólo para la industria y la distribución sino que se traslade a todos y cada uno de los eslabones de la cadena empezando por los productores y terminando por los consumidores. Hasta la fecha sólo se ha bajado el precio de compra de leche cruda en las granjas y ha subido el de los productos lácteos en los lineales de los supermercados. La cuestión debe quedar clara; el presuntamente fortalecido sector agroalimentario lo componen también los extremos de la cadena y no sólo los intermediarios.