Este viernes 16 de diciembre entra en vigor la última modificación de la Ley de la cadena Alimentaria. El texto ha sido pospuesto hasta la saciedad por las presiones de las industrias y la distribución pese a ser una adaptación de obligado cumplimiento de la normativa comunitaria y que ya está vigente en la mayor parte de la Unión Europea donde buena parte de esas empresas ya cumplen con la misma. 

España se enfrenta ahora al reto de que la prohibición de la venta a pérdidas y la acción de la Agencia para el Control y la Calidad Alimentaria (AICA) sean una realidad o se queden en papel mojado como viene ocurriendo desde hace años en este país. 

El setenta por ciento de las multas impuestas a la industria y distribución todavía no se han cobrado en España donde, además de por el respeto procesal, las sanciones son tan ridículas que continúa mereciendo la pena infringir la norma antes que cumplirla. 

La nueva Ley es un avance rotundo en la defensa de los derechos y las obligaciones de todos los eslabones de la Cadena Alimentaria como el propio ministro de Agricultura, Luis Planas, ha repetido hasta la saciedad durante los últimos meses. Ahora resta por comprobar si el titular de Agricultura cambia la política de su departamento a la hora de atender las demandas de los productores de vacuno de leche. Una política que parece centrarse exclusivamente en poner trabas a la denuncia de presuntas irregularidades, a demorar el inicio de procesos sancionadores bajo las más variopintas disculpas y a repetir “lo mal que está el sector” sin hacer absolutamente nada por remediarlo. 

La Ley de la Cadena se enfrenta, además, a la lentitud de los procesos administrativos que harán posible su verdadera entrada en vigor. Determinación del órgano que establezca los costes de producción, aplicación de las nuevas tipologías de sanciones, etc…. Todo ello podría ser hasta comprensible si no fuera porque el vacuno de leche en este país no puede esperar tanto. Es cierto que “las cosas de palacio van despacio” pero la ruina de cientos de explotaciones en los próximos meses no van a poder hacer caso al refrán y terminarán por provocar el desabastecimiento en los lineales de los supermercados. 

El ministerio tiene la obligación de aplicar la nueva Ley de la Cadena para resolver el problema estructural del vacuno de leche en España pero no puede olvidar que el actual drama de los costes de producción es coyuntural y no va a entender de plazos. Hay que resolver la situación, ya.