El dato mata al relato. Eso es lo que pasa cuando las cifras correspondientes a la industria láctea y la distribución de nuestro país y las enfrentas a las de los ganaderos de ovino lechero. Este mes de marzo es el tradicional para que las empresas hagan públicas sus cuentas de resultados y eso es lo que han hecho, por ejemplo, el mayor productor de quesos de nuestro país -Grupo Entrepinares- y la mayor empresa de distribución -Mercadona-. Fijarse en ambas corresponde a la supuesta necesidad de no subir el precio de la leche de oveja por falta de rentabilidad. Si la industria y la distribución marcan récords en el ámbito de la producción y el consumo ¿por qué no puede pagarse lo justo a los ganaderos?
La siguiente pregunta es ¿qué se considera justo? La respuesta es bien sencilla y se basa -igual que las cuentas de resultados de industria y distribución- en datos. La producción descendió en un 9,7% y lo que es más grave, el número de ganaderos con entregas se desplomo nada más y nada menos que un 10,3%. Si esto lo confrontamos con que el consumo crece de forma exponencial en el sector de los quesos de mezcla no parece muy lógico que la oferta y la demanda no consigan ponerse de acuerdo en subir los precios en el campo.
Si a todo esto le sumamos que vivimos en un marcado momento de tendencia inflacionista, con guerras por todo el mundo que elevan, de nuevo, los costes de producción de las explotaciones tendríamos el segundo elemento para obligar a subir el precio pagado por un bien como es la leche de oveja. Alguien pudiera pensar que lo que ocurre es que el precio del que partimos ya era muy alto pero es que, de nuevo, los datos suenan atronadores. Además de la bajada de producción, en España durante el año 2025 cerraron, nada más y nada menos, el 10,3% de las explotaciones ganaderas de ovino de leche.
Así las cosas no cabe otra cosa que en la negociación ahora mismo abierta con las principales industrias lácteas se alcancen acuerdos de subida de precio que den respuesta a la bajada de producción, a la subida de consumo, al incremento de los costes de producción y a la ley de la oferta y la demanda. Lo de si los ganaderos ganan o pierden dinero puede que no sea importante para los departamentos de compras de las industrias pero, al menos, deberían de preocuparse de si el sector del que viven desaparece o no. Seguir como estamos es para enfadarse.