“Una situación excedentaria que para un producto perecedero como es la leche se convierte en su espada de Damocles”
Las industrias lácteas en España vuelven a confirmar que sólo suben precios cuando la falta de leche se convierte aunque nada más sea en una amenaza. Las previsiones para las entregas de 2025 eran claramente a la baja desde que el precio pagado en el campo provocó que las explotaciones ajustaran su producción ante la falta de beneficios. Esa situación es la que, de nuevo, ha llevado a los grandes compradores a dinamizar un mercado que apuntaba importantes bajadas en las entregas acumuladas para final de año.
La paradoja de esta situación surge cuando se analizan las causas alegadas para no aceptar una negociación capaz de satisfacer a todos los eslabones de la cadena alimentaria comenzando por los productores. Este vaivén en la valoración de un producto básico como es la leche lleva al sector a una situación de tensión con la que no se debería de jugar.
El relevo generacional es difícil en cualquier sector y especialmente en aquellos, como la ganadería, en los que la exigencia es máxima. Esa realidad tiene que ser tenida en cuenta por quienes necesitan leche para poder seguir transformando y comercializando. Si esto no es tenido en cuenta, no tardando mucho, la inestabilidad aumentarán aún más a las nuevas generaciones de un sector ya muy envejecido. Sin unas mínimas previsiones de rentabilidad las inversiones necesarias para mantener el actual nivel de producción llevarán a nuestro país a niveles de carestía aún mayores de los que ahora soportamos.
El precio de la leche puede ser un problema aparentemente puntual pero su trascendencia en el medio y largo plazo lo convierte en un reto coyuntural. Si se sigue trabajando con la mirada puesta en el tanque para los próximos seis meses ningún ganadero tendrá capacidad para invertir en crecimiento o para garantizar la continuidad de su explotación.
Las industrias lácteas de este país han de ser conscientes de esta realidad que juega con el futuro de sus producciones y con la viabilidad de las miles de granjas que les proveen de algo a lo que no pueden renunciar, la materia prima. Los ganaderos, por su parte, han visto a lo largo de los últimos años que una producción controlada y consciente es la mejor fórmula para estabilizar el precio de mercado. Aumentar la producción desproporcionadamente cuando los precios suben sólo vuelve a provocar una situación excedentaria que para un producto perecedero como es la leche se convierte en su espada de Damocles.