El consumo crece y la producción baja, a partir de ahí la idea de bajar el precio con la que la industria ha salido al campo pierde todo sentido. Un aumento en la demanda del 3,4% y un descenso en la oferta del 0,5% en 2025 ponen de manifiesto lo que los productores defienden a la hora de negociar los miles de contratos que se cerrarán el próximo 31 de marzo. Es sólo una cuestión de lógica de mercado a la que, sin embargo, algunos pretenden hacer caso omiso.

El siguiente punto en la negociación se centra en el diferencial de precios con Europa. Es cierto, en estos momentos, el precio pagado a los ganaderos del resto del continente es inferior al pagado en nuestro país pero hay que ser muy cínico para no reconocer que España siempre va por detrás. Los precios en Europa suben y bajan con una intensidad que en nuestro país sólo se pretende respetar en situaciones como la actual, es decir, cuando el diferencial es mínimamente favorable para las explotaciones de aquí. Cuando el resto de Europa nos vence por goleada el repunte de precios aquí es lento, perezoso y, a veces, inexistente. Es decir nos pasamos los periodos de cresta de la línea de precios hasta que vuelven a alcanzarnos por abajo.

Todo esto es obviamente perjudicial para los ganaderos pero las industrias no deberían de olvidar que además de respetar las leyes del mercado su afán por bajar y bajar pone en serio riesgo a todo el sector. Así es imposible crecer en producción para un país deficitario como el nuestro y lo que es aún más preocupante, nadie va a querer seguir ordeñando porque no merece la pena ni social ni económicamente.

Claro que los ganaderos quieren que se pague lo justo por su producción pero eso parece molestar en algunos estamentos. No se trata de especulación al alza por parte del sector productivo sino de especulación a la baja por parte de quienes parecen molestarse porque un ganadero pueda vivir dignamente de su trabajo. Los tiempos en los que el precio se marca bajo el criterio de ofrecer lo justo para que la gente “sobreviva” tienen que pasar a la historia para pasar a un nuevo estadio en el que lo que se garantice sea un mercado sano y capaz de ver más allá de los tres próximos meses de contrato. Es responsabilidad de todos garantizar la viabilidad del sector porque sino, después, llegarán los lloros porque no hay gente dispuesta a producir y prefieren sacar las vacas al matadero.