Agaprol lleva meses advirtiendo de los problemas que acarrearía la negativa de las industrias lácteas a aumentar el precio de compra de la leche en las explotaciones lácteas de este país. La gran distribución también ha sido advertida de las consecuencias que supondría para los consumidores que se siguiera utilizando la leche como un producto reclamo por debajo de los costes de producción en los lineales de sus supermercados. 

La última estadística del ministerio de Agricultura viene a confirmar todo lo anterior y el grave problema al que se enfrenta ya no el sector lácteo sino la sociedad española en su conjunto. El problema ya no será una nueva subida de precios como la que venimos observando durante los últimos mese sino la falta de leche para poder abastecer a una demanda que crece día a día. 

La subida del precio de la leche en los supermercados no ha frenado el aumento de la demanda porque aunque los consumidores son los primeros perjudicados por la elevada inflación también se tiene claro que en la cesta de la compra se puede renunciar a muchas cosas pero no a lo esencial como son los productos lácteos. 

Agricultura ha confirmado que el consumo aparente ha crecido en 3,6% en un año pese a la subida de precios. 

Los ganaderos, por su parte siguen cerrando sus explotaciones en primer lugar por falta de relevo generacional pero es que ninguna administración puede pretender que los jóvenes se incorporen al campo cuando comprueban a diario cómo sus padres, además de vivir esclavos de su trabajo, pierden dinero porque nadie hace cumplir la ley que obliga a pagar, cuando menos, los costes de producción.

Las explotaciones con entregas ya son pocas más de 11.000 pero es que, además, ya nadie puede seguir confiando en que las que quedan en activo van a asumir la producción de las que cierran. En España se han perdido mas de 43.000 vacas en dos años. Con ese panorama la producción no sólo no se mantiene sino que cae en picado. Las entregas, por tanto, se ven afectadas y también se han visto reducidas en un 2,3%. 

La importación aumenta a un ritmo importante y cuando en España ya no queden ni ganaderos, ni  vacas, ni industrias en las que transformar la leche alguien vendrá a preguntar por qué tenemos que comprar leche de otros países mucho mas cara de la que seríamos capaces de producir aquí. 

La negociación de contratos lácteos está en marcha y todos deberíamos reflexionar sobre lo que queremos no para mañana sino para el futuro.