El consumo de productos lácteos en nuestro país crece a un ritmo del 4,8% y la inflación en el mes de marzo se situó en el 3,4%. Por si todo esto fuera poco los costes de producción en la ganadería -igual que en el resto de sectores- se ha incrementado por la inestabilidad internacional Ante semejante escenario a cualquiera le cabría pensar que la leche, el queso o los yogures deberían de subir de precio en los lineales de los supermercados pero, al contrario, la respuesta es que no sólo no suben sino que bajan. Y los lácteos en este país bajan no porque los ganaderos hayan decidido de la noche a la mañana llevar sus márgenes al mínimo en un ejercicio de solidaridad o porque las industrias lácteas se hayan vuelto locas y hayan decidido renunciar a esos beneficios que año tras año presentan con orgullo y alegría en el mes de marzo. La razón última está en la toma de decisiones de la distribución que ya sabia hace meses lo que quería hacer con el precio de la leche.

 

 

Fuente: AGAPROL