El proceso de negociación de los contratos lácteos que finalizan el próximo 28 de febrero apuntan al alza. Esa subida se asienta sobre la situación del mercado en nuestro país. Mientras la producción lechera en las granjas continúa con un proceso sostenido de bajada, la demanda por parte de los consumidores se mantiene al alza. El descenso de las entregas acumulado para el año 2025 se sitúa -hasta el mes de noviembre- en el 0,7% mientras el consumo aparente durante el año se elevó en un 2,6%. Si las industrias hacen caso a los argumentos que habitualmente emplean para intentar reducir precios en esta ocasión tienen la respuesta en los datos oficiales facilitados por el ministerio de Agricultura.

Los precios evidentemente van al alza y todo ello pese a los ajustes a la baja que algunas grandes productoras europeas están ejecutando durante los últimos meses. El problema está en que en España el sector lleva sufriendo un inmerecido tratamiento desde hace décadas. Esa gestión de las relaciones con los ganaderos por parte de la industria ha acostumbrado a todos los implicados a unos precios por debajo de lo que el propio mercado hubiera determinado. Esa manipulación en las relaciones contractuales entre ganaderos e industria es la que también debe de corregirse.

Los descensos de precio de los últimos meses en los mercados internacionales se ha revertido en el último tramo del año 2025 y todas las previsiones apuntan a que ante la falta de producción y el aumento del consumo a nivel global los precios tienen que subir en 2026. Los datos de GDT Fonterra lo confirman y también lo hacen las previsiones tradicionalmente conservadoras de la Unión Europea para los próximos años.

Es cierto que todo lo anterior pasa por una cierta reordenación de las estrategias de producción en Europa. Productos con mayor valor añadido y cadenas de producción más eficientes son la condición necesaria para el sector lechero pero esa realidad se asienta más sobre los procesos industriales que sobre el precio de la materia prima que, cada vez más, se convierte en un bien escaso. El sector deberá de cambiar y mejorar sus rendimientos pero que nadie pretenda que esa mayor rentabilidad se sostenga a base de rebajar la de los productores. La leche ha sido un producto maltratado y menospreciado durante años por la industria y por los propios consumidores. Ser conscientes del valor real de la leche en todos los eslabones de la cadena será, sin duda, uno de los efectos de la falta de leche en las granjas y en las industrias.

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