La presión arancelaria sobre los quesos de oveja procedentes de nuestro país aparece como el último de los argumentos a la hora de fijar el precio de la producción en nuestro país. Las estadísticas dicen que ante un arancel mínimo del 15% sobre el queso de oveja en Estados Unidos nuestras exportaciones se resienten sin ningún lugar a dudas. Esa situación se agrava especialmente en Castilla La Mancha donde más del 30% de su producción quesera tiene como destino la exportación. Ante semejante escenario, los excedentes acaban “inundando” el mercado y provocando un descenso generalizado en todo el país. A este dato habría que sumar el estancamiento en el consumo interior dadas las nuevas tendencias entre la población más joven.
El panorama anterior es el que describen las industrias lácteas para evitar subir el precio aún a sabiendas de la ruina que amenaza al sector y que se confirma mes tras mes con el cierre de cientos de granjas en nuestro país. Lo que no se cuenta es que esa leche que algunos prefieren tratar como excedentaria si que tiene un destino. El descenso de las ventas al exterior de queso de oveja tradicional se está compensando en el mercado interior con el crecimiento de los quesos de mezcla. Este producto tan singularmente español es el que realmente está creciendo de forma exponencial durante los últimos años. La mezcla tiene un volumen y unas necesidades de producción que nada tienen que ver con la producción de queso puro. Una bajada importante en la exportación es compensada con claridad por los crecimientos
aparentemente más modestos porcentualmente pero trascendentes en volumen total de la mezcla.
El mercado lácteo español tiene que ser consciente de los cambios que nos rodean. Su pervivencia depende de la capacidad de las industrias para adaptarse a los nuevos escenarios. Una modificación en
los hábitos de consumo puede ser trascendentes pero no sólo de forma negativa sino también positiva. La capacidad de nuestras industrias para competir en precio con sus homólogos europeos parece improbable siempre y cuando fíen su rentabilidad a imponer precios más bajos a los productores. Apostar por la consolidación de los quesos puros de oveja y de mezcla en nuestro país seguirá siendo un terreno en el que si poder competir con el resto de Europa y con los aranceles de los Estados Unidos. Esta decisión, no obstante, no puede demorarse en el tiempo puesto que si los grandes compradores siguen apretando al ganadero hasta que desaparezca después no habrá a quién ir a ofrecerle una barbaridad por su producción. El problema entonces no será el precio sino que no quedará nadie para producir. La línea de una factoría se puede encender y apagar en cuestión de horas pero recuperar el censo y, más aún, a los ganaderos que han cerrado no podrá hacerse de un día para otro.