La idea las industrias la tenían en mente mucho antes de que estallara la guerra de Irán. El conflicto y la brutal subida de los costes de producción para los ganaderos hizo que, durante unos días, se lo pensaran pero, finalmente, han ido con todo el equipo. Una propuesta de bajada inaceptable e indecente del precio de la leche en el campo teniendo en cuenta todo lo que está ocurriendo. A todas esas industrias que curiosamente han salido a lanzar ofertas prácticamente el mismo día, a la misma hora y con las mismas condiciones no les ha importado nada lo que los ganaderos llevan poniendo sobre la mesa de negociación durante semanas y, menos aún, lo que supone el nuevo escenario inflacionista derivado de la guerra.

La propuesta de bajada en los precios que se están manejando es simplemente indecente porque no tiene en cuenta que todo el mundo sabe -datos oficiales de por medio- que el consumo ha subido en nuestro país por encima del 3% mientras la producción ha bajado considerablemente en el acumulado del año. Es indecente porque todo el mundo sabe que la propuesta a cuatro meses que se está lanzando por el mayor comprador en Galicia con hasta 8 céntimos de recorte no tiene en cuenta que con eso habrá que pagar los costes de producción y no llega. El gasoil ha subido un 40%, las electricidad un 60% y la alimentación, por ahora, se sitúa en un 25% más que hace unos días.

Puede ser una mera estrategia de negociación pero llega un momento y unos niveles que las cosas no pueden aceptarse como válidas. Intentar hacer lo que pretenden no sólo es acabar con el sector sino que es la demostración de una falta de profesionalidad y respeto que clama al cielo.

El partido, sin embargo, no termina hasta las 23:59 horas del próximo día 31 de marzo. Las industrias han elegido a la más potente de ellas para amedrentar al sector con su oferta y eso no es por casualidad. Por ese mismo motivo el sector tiene que entender que si la industria actúa así, la respuesta tiene que ser acorde y que no se puede firmar ni un sólo contrato en esas condiciones. A los ganaderos les va el futuro en ello y por ese motivo hay que esperar, hay que negociar desde el sentido común que las industrias parecen querer olvidar y poner toda la carne en el asador. Negociar y buscar lo mejor para cada una de las partes es legítimo, deseable y comprensible, lo que han hecho con sus ofertas para esta ronda de negociaciones de contratos, sin embargo, no tiene nombre.