Cada renovación de las condiciones impuestas por Bruselas para el acceso a los fondos de la Política Agraria Común (PAC) se convierte en una auténtica lucha entre los países miembros. Pagos por concesiones en asuntos que nada tienen que ver con la ganadería o la agricultura, asociaciones de norte frente a sur cuando no intereses de las grandes “familias” presentes en la Eurocámara se cuelan en las negociaciones que acaban afectando no sólo a los agricultores y ganaderos sino a todos los europeos. 

El último y más reciente episodio de esta batalla por los fondos comunitarios no ha escapado a toda estas cuitas pero vuelve a dejar claro que Europa cada vez pone mas difícil el acceso al sector primario español. Los motivos pueden ser distintos pero la traducción siempre tiene la misma música; producciones más ecológicas, mayores controles sanitarios, bienestar animal, rentabilidad… 

Los intereses de los burócratas y los grupos parlamentarios parecen una vez más inescrutables pero lo que está claro es que o se aumenta la producción respetuosa con el medio ambiente, las garantías sanitarias y el bienestar animal o Europa nos irá echando poco a poco de sus planes de futuro. 

España ha demostrado ser uno de los grandes proveedores de la despensa cumunitaria por la profesionalidad, la tradición y el saberhacer de nuestros ganaderos y agricultores pero si la modernización del sector no se convierte en una prioridad ni las negociaciones, ni las protestas conseguirán salvar al sector. 

El medio rural español tiene que demostrar su privilegiada posición en el mercado internacional con productos de calidad como los que se nos reconocen en medio mundo pero tenemos que implementar las necesarias reformas para no quedarnos en el vagón de cola y que el resto de países no sólo se conviertan en más competitivos sino que reciban todavía más ayudas que las que corresponderían por dimensión e importancia al campo español. 

Producir con energías verdes, tratar los residuos con eficacia, aumentar los parámetros del denominado “bienestar animal” son materias en las que se ha de seguir trabajando para ocupar el puesto que nos merecemos en el marco europeo. 

Podemos estar de acuerdo o no con esa pretendida transformación pero lo que está claro es que ahora mismo su implantación es imprescindible. La pregunta, sin embargo, surge cuando cada ganaderos y cada agricultor español se plantea quién pagará la factura que eso tendrá en los precios de producción. Si la cadena alimentaria -empezando por los productores y terminando por los consumidores- no es capaz de entender que todos esos deseables parámetros de calidad cuestan dinero es imposible que las reformas se lleven a cabo. 

Los ganaderos de este país son los primeros en desear las mejores y más punteras condiciones para sus explotaciones pero las industrias lácteas, la distribución y los consumidores finales tienen que saber que esos anhelos de mejora tienen un precio y el pago del mismo tiene que distribuirse entre todos los eslabones y no sólo en la cuenta de resultados de los productores.