Los periódicos escriben estos días sobre la crítica situación que la bajada del precio de la leche ha provocado en el sector lácteo español. Bueno, siendo exactos, deberíamos de decir en los ganaderos españoles porque la industria y la distribución también son parte del sector pero parece que la cosa no va con ellos.


Hasta a los más ignorantes en el asunto les llama poderosamente la atención que la leche haya bajado entre siete y nueve céntimos en las granjas mientras que los consumidores sólo han visto cómo esa bajada se convertía en uno o dos céntimos menos en sus cestas de la compra. No, no hay nada que explicar, industria y distribución se han puesto de acuerdo en que el precio de la leche para ellos es intrascendente porque si tienen problemas económicos o bien quieren seguir utilizándola como producto reclamo sólo tienen que esperar a la siguiente renovación de contratos y pegar un hachazo a los ganaderos que, según ellos, lo aguantan todo.

Dicen algunos de los titulares de estos días que el sector tiene los ojos puestos en lo que estos días hagan industriales y distribuidores porque de ello dependerá en buena medida el futuro de los ganaderos. Y los titulares tienen razón porque parece que ya nadie confía en una respuesta lógica o argumentada por parte de quienes determinan desde un despacho cuál va a ser el precio de la leche a partir del próximo uno de julio. Y no es ni lógica ni argumentada porque la decisión de bajar un 13% el precio de la leche en el campo contrasta con la bajada de, a penas, un 2% que se ha registrado en los lineales. Sabemos que nadie va a protestar por semejante atropello porque “ande yo caliente y ríase la gente” pero llegará un momento en el que la gallina de los huevos de oro dejará de poner huevos y las inversiones millonarias que hacen las industrias tendrán que funcionar con agua del Manzanares.


Es cierto que el poder de la distribución en nuestro país roza el monopolio y que hay veces que hasta se puede llegar a pensar que las industrias no tienen más remedio que obedecer lo que les dice la voz de su amo. Lo mismo pensarán los consumidores de los ganaderos y que si no es rentable siempre pueden dejar de producir. Paradójicamente eso es lo que ya está sucediendo o es que ¿hace falta explicar una vez más que en este país cada dos días cierran tres granjas?. Las industrias y la distribución -en el orden que quieran- tienen la oportunidad de que eso deje de ocurrir y de que no dentro de mucho tiempo haya que cerrar fábricas o empezar a vender leche del otro lado del planeta.