La ganadería de leche española sale del verano con la vista puesta en lo que sucederá en el mercado lácteo durante el otoño-invierno. La respuesta a la zozobra de los ganaderos debería de ser meridianamente clara; los precios han de subir. Los argumentos lógicos para que estos sea así se plasman en cifras que afectan a nuestro mercado interno y también al internacional. No obstante, ya sabemos que todo esto parece importar muy poco a unas industrias que cotizan la leche según criterios que nadie llega a entender excepto que cuando a ellos o a la distribución no les parece suficiente lo que ganan se lo rebajan a la nómina del ganadero.

Siguiendo con los dos argumentos que justifican, una vez más, la subida del precio de la leche en nuestro país hay que destacar el aumento de la demanda de los consumidores y la adecuación del precio de producción a los costes de la misma.

El aumento de la demanda de productos lácteos en nuestro país no es una sensación de los ganaderos sino de los organismos oficiales que afirman que en España esa necesidad de productos lácteos se ha incrementado entre enero y mayo un 5,7% con respecto al mismo periodo del año pasado. Uno de los factores clave para este incremento ha sido la llegada de leche y derivados procedentes de terceros países que ha aumentado un 15,4%. Este dato, lejos de dar la razón a las industrias, debiera de ponerlas sobre aviso puesto que si se quedan sin leche en España puede que no haya ganaderos pero, por supuesto, que tampoco habrá industrias. En cualquier caso, ustedes mismos pueden sacar las cuentas y valorar si el diferencial de precio entre Europa y España es suficiente como para traer productos desde lugares a miles de kilómetros y arruinar a la gallina de los huevos de oro que son los ganaderos.

Por si el aumento de la demanda de los consumidores no fuera poco, en España y en el resto del mundo, el precio de la leche, queramos o no, se ve influenciado por las subidas de los carburantes y de los fertilizantes que el endiablado mapa de guerras nos deja a todos por igual. El gasoleo, la electricidad o la alimentación animal han subido y el precio de la leche también ha de hacerlo aunque nada más sea para compensar los crecientes costes de producción.


En definitiva, una subida de precio basada en la ley de la oferta y la demanda acompañada de otra no menos importante que es la de producir por encima de lo que cuesta producir