El precio de la leche en España durante el mes de noviembre de 2025 -último dato actualizado- fue de 0,542 €/l de media. Eso supone que durante los últimos doce meses el precio pagado en nuestro país por un litro de leche ha aumentado en 0,05 euros. Esta subida no ha sido casual y las industrias han decidido pagar porque lo que compraban lo valía y sigue valiéndolo. El alza de los precios, por otra parte, no ha sido fruto de una conspiración especulativa sino una tímida respuesta a una situación que durante años ha llevado al desmantelamiento de buena parte del sector. Mientras la industria seguía invirtiendo en necesarios procesos de modernización y ampliación de sus instalaciones miles de ganaderos tenían que cerrar sus explotaciones porque la rentabilidad era nula y a penas llegaba a la economía de subsistencia. Los consumidores, por su parte, continuaban consumiendo productos lácteos a precio de derribo ajenos a lo que ocurría en el campo.
El precio de la leche tiene que subir y la próxima negociación tiene que ser un hito en este sentido. El pasado mes de noviembre con el precio de la leche a 0,542 €/l se dejó de producir un 2,9% con respecto al mismo mes del año pasado. La clave no es sólo que no habrá toda la leche que las transformadoras y los consumidores necesitan sino que todos los implicados saben que hay que hacer algo si no queremos depender de terceros países. Terceros países que, por cierto, llevan años haciendo lo mismo con sus ganaderos bien por la vía de la asfixia económica o por la normativa.
El norte de Europa está secando sus explotaciones y la confianza de algunos en la producción de países emergentes comienza a resquebrajarse. Esos lejanos países que proveen de todo a la vieja Europa comienzan a consumir lácteos casi al mismo nivel que nosotros en occidente. Así las cosas parece claro que lo que queda es cuidar al sector que da de comer en sentido figurado y literal a tanta gente. Que nadie vuelva a decir aquello de “con esto ya ganan dinero” porque sería lo mismo que atacar cada una de las inversiones de las industrias. Esas inversiones se han pagado con dinero de la leche y, sin embargo, nadie cuestiona su legitimidad e, incluso, su necesidad. Los consumidores por su parte ponen el último punto de sentido común a todo esto y es que las previsiones apuntan a que en los próximos años se consumirá más leche o derivados de esta porque es sana, porque es buena y porque sigue siendo barata. Lo que toca es subir precio porque la leche lo vale.